sábado, 7 de mayo de 2022

Llamados a reconocer que solo Jesús tiene palabras de vida eterna

 Sábado de la Tercera Semana de Pascua

«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» Juan 6,68

Hoy Jesús nos asegura que sus palabras son Espíritu y vida. Aunque hoy como ayer algunos de los discípulos del Señor optaron por abandonar la fe debido a las enseñanzas de Cristo y su Iglesia, somos llamados a seguir el ejemplo de Pedro y los Doce Apóstoles. Es verdad que no siempre vamos a entender lo que Jesús y su Iglesia nos dice o enseña pero al igual que Pedro solo debemos aceptarlas porque solo así podemos tener vida eterna. Pidamos la gracia de siempre reconocer que solo Jesús tiene palabras de vida eterna. Amén.

¡Feliz fin de semana!
Dios nos bendiga.





viernes, 6 de mayo de 2022

Llamados a llevar la presencia real de Jesús al mundo

 Viernes de la Tercera Semana de Pascua.

«El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna» Juan 6,54

Hoy Jesús nos envía a llevar su presencia al mundo. Jesús quiere compartir su vida dentro de nosotros para que su presencia permaneciera en nuestro mundo. La Sagrada Comunión es una unión común que todos compartimos juntos. Es el don supremo de Cristo de sí mismo para la vida del mundo, no simplemente para nuestra propia salvación personal. Pidamos la gracia para llevar la presencia real de Jesús al mundo que nos rodea para que nosotros y el mundo tengamos vida eterna. Amén.

Dios nos bendiga.




jueves, 5 de mayo de 2022

Llamados a seguir con alegría, asombro y gratitud las enseñnazas de Jesús

 Jueves de la Tercera Semana del Tiempo de Pascua

«El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida» Juan 6,47-48

A diferencia de la multitud que seguía y escuchaba las enseñanzas de Jesús nosotros estamos llamados a responder con fe lo que el Señor nos dice hoy. Jesús ha venido de Dios para mostrarnos el camino al Padre, gracias a los sacramentos nos unimos a Él, participamos de su vida divina y somos herederos de la vida eterna que Él nos ha prometido. Pidamos la gracia de seguir las enseñanzas del Señor y ponerlas en práctica con alegría, asombro y gratitud. Amén.

Dios nos bendiga.




miércoles, 4 de mayo de 2022

Llamados a hacer la voluntad del Señor

Miércoles de la Tercera Semana de Pascua

«La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna» Juan 6,40

Hoy Jesús nos explica la misión de su Padre para él y cómo actúa en obediencia a la voluntad de Dios. Como seguidores de Jesús todos estamos llamados a hacer nuestra parte en su misión, traer a otras personas a Jesús a través de nuestras palabras y acciones. Pidamos la gracias poder de dar testimonio de nuestra fe en Jesús a las demás personas y ayudarlos en sus necesidades básicas. Amén.

Dios nos bendiga.





martes, 3 de mayo de 2022

Llamados a creer en Jesús

Fiesta de los Santos Felipe y Santiago, Apóstoles 

«Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí» Juan 14,6

Como a los primeros discípulos el Señor nos llama a dejar que su Buena Nueva cambie quiénes somos porque el Padre habita en él, y habita en los que creen en él. A través de Jesús somos salvados, a través de Jesús, se nos está dando nueva vida, a través de Jesús, somos llamados a ser hijos de Dios Padre y así llegar a otros a tener una relacion filiar con Dios. Que por la intercesión de Santos Felipe y Santiago, Apóstoles pidamos hoy la gracia de la fe para creer que todo lo que pidamos en el nombre de Jesús, Él lo hará.
Santos Felipe y Santiago, Apóstoles, rueguen por nosotros.

Dios nos bendiga.







lunes, 2 de mayo de 2022

Llamados a hacer la obra de Dios

Memoria de San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia 

«La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado» Juan 6,29

Cuando uno sabe lo que tiene que hacer para alcanzar un objetivo eso facilita las cosas. Jesús ya nos ha facilitado las cosas y nos ha dado los medios para alcanzar nuestro objetivo como discípulos de Él: Creer en el enviado de Dios. Creer. Pero creer en el enviado de Dios no es sólo cuestión de pensar y sentir que es verdad. Es vivir esa creencia, todos los días, en nuestras palabras y acciones. Es amar a nuestro prójimo, cuidar a los vulnerables y cultivar los hábitos de una auténtica vida cristiana. Pidamos por intercesión de San Atanasio que podamos hacer la obra de Dios durante este tiempo de Pascua. 
San Atanasio, ruega por nosotros.

¡Feliz semana!
Dios nos bendiga.





domingo, 1 de mayo de 2022

Llamados a amar incondicionalmente como el Señor nos ama

Homilía Domingo de la Tercera Semana de Pascua
1 de mayo de 2022

“Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero” – Jn 21, 1-19

Queridos hermanos y hermanas, a todo ser humano le gusta saber si es amado por otra persona, como es el caso entre la esposa y el esposo, los padres y los hijos, los hijos y los padres, los hermanos, los amigos, la novia y su novio, pero nuestro amor mucha veces está limitado o condicionado, te amor, porque tú me amas, te amo porque te portas bien, te amo porque me eres fiel, te amor porque me das lo que yo quiero, te amo porque… pero como cristianos estamos llamados a amar como Jesús nos ama… y Jesús nos ama con un amor incondicional. 

Queridos hermanos y hermanas, pero cuando las personas hablan de amor incondicional, por lo general se refieren a un amor que no tiene límites ni condiciones, uno que no cambia, pase lo que pase. Pero dados los altibajos de la vida, tal amor puede parecer desafiante y hasta imposible. Y sin embargo, como escuchamos en el Evangelio de hoy, este es el amor que Jesús ofrece a Pedro, quien una vez lo negó y lo abandonó. El Evangelio de hoy está íntimamente conectado al relato de la pasión que escuchamos el Viernes Santo. Todos conocemos a Pedro, el buen y bien intencionado Pedro, un hombre capaz de grandes actos de lealtad y confesión de fe, pero igualmente un hombre lleno de valentía y al mismo tiempo lleno de palabras vacías.

Queridos hermanos y hermanas, recordemos que Pedro había tratado de seguir a Jesús a distancia mientras era llevado a casa ante las autoridades religiosas de su pueblo y terminó negándolo tres veces. Pero Jesús no lo hizo retorcerse y sentir la vergüenza de su traición, sino que le ofreció un amor incondicional. Tal vez haya un poco de Pedro en cada uno de nosotros, porque cada uno de nosotros esta necesitado de ese amor incondicional que se muestra en el perdón.

Queridos hermanos y hermanas, hemos escuchado que el Evangelio de hoy inicia describiendo cómo los discípulos regresan a pescar en el Mar de Tiberíades, regresan a su vida ordinaria. Con todo lo que ha ocurrido en los años anteriores, su relación, su conocimiento y creencia de que Jesús ha resucitado, ¿dónde está su entusiasmo por el Cristo resucitado? Es ahí en este momento tan ordinario en el que los discípulos están viviendo es que entra Cristo y demuestra la verdad de su amor incondicional. Un amor que está implícito en sus tres preguntas: ¿me amas? ¿me amas?  ¿me amas?  – es el hecho de que a pesar de las tres veces que Pedro lo negó, Jesús nunca se ha dado por vencido con Pedro, ni con cada uno de nosotros. Porque el amor y compromiso de Señor con Pedro son tan incondicionales y fuertes como lo fueron desde el primer día que invitó a Pedro a seguirlo.

Queridos hermanos y hermanas, incluso después de todo lo sucedido, Jesús ama a Pedro incondicionalmente. Sí, las tres negaciones deben ser reconocidas, no es algo que se debe pasar por alto, pero nunca deben ser la última palabra. En un momento lleno de ternura y compasión, Jesús borra esas negaciones con declaraciones de amor. ¿Qué más puede borrar la traición, la infidelidad o el abandono, sino el amor? Aquí, en este poderoso momento, Jesús no solo perdona y sana al quebrantado Pedro, sino que permite que Pedro se perdone a sí mismo, porque muchas veces el Señor nos perdona pero nosotros no nos perdonamos a nosotros mismos. Este es verdaderamente un momento de sanación y reconciliación para Pedro.

Queridos hermanos y hermanas, al escuchar este Evangelio, se nos invita a ponernos en el lugar de Pedro, no a pedir a los demás que se pongan en su lugar, sino nosotros y a ser recipientes de este amor incondicional, especialmente donde hemos sido quebrantados o heridos por los acontecimientos de la vida, todos en algún momento de nuestra vida hemos sufrido en nuestra relación con los demás especialmente con aquellos a quienes más amamos. Al igual que con Pedro, Jesús nunca se da por vencido con nosotros, porque su amor por nosotros es igualmente sin límites ni condiciones, pase lo que pase, pero así debe ser nuestro amor con los demás especialmente con aquellos con quienes convivimos a diario. Entonces, mientras celebramos la temporada de Pascua y su promesa de nueva vida y abundante misericordia, demos gracias por ese amor incondicional del Señor y amemos nosotros de igual forma y así poder decir como Pedro: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Amén