Martes de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario
«Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica» Lucas 8,21
Hoy Jesús nos invita a escuchar con oídos y corazones abiertos la palabra de Dios y luego actuemos en consecuencia, así como lo hizo su madre. El término “palabra de Dios” se repite con frecuencia en las Escrituras y puede resultar fácil darlo por sentado. En verdad las palabras nos ayudan a comunicarnos unos con otros y a compartir lo que tenemos en la mente o en el corazón. La palabra de Dios es única y tiene un peso particular. Es la expresión misma de Dios para nosotros. En el Evangelio de hoy, escuchamos que Jesús casi parece rechazar a su propia familia cuando dice que su familia son aquellos que escuchan la palabra de Dios y actúan en consecuencia. Pero su objetivo no es evitar a su propia familia; más bien es para ilustrar cuán importante es escuchar la palabra de Dios y actuar en consecuencia. De hecho, quienes están más cerca de él son quienes hacen esto. Pidamos hoy la gracia de seguir el ejemplo de quienes escuchan la palabra de Dios y actúan en consecuencia aquellos que han moldeado nuestra propia fe, aquellos que vivieron su vida basada en cómo el Evangelio formó sus corazones, permitimos que la palabra de Dios hable a través de nosotros. Y esto nos acerca a Jesús. Amén
Dios nos bendiga.

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