Homilía Domingo de la Quinta Semana de Pascua
15 de mayo de 2022
“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.” – Jn 13, 31-33a. 34-35
Queridos hermanos y hermanas, seguimos avanzando en nuestro camino con Jesús resucitado, ya hoy estamos celebrando el Quinto Domingo de Pascua y hoy somos desafiados por el "nuevo" mandato del Señor. Hoy Jesús nos llama a amarnos los unos a los otros. El mandamiento del amor de por si es desafiante y Jesús lo hace aún más desafiante al ordenarnos que nos amemos unos a otros de la manera en que él nos ama. Este no es un amor que la mayoría del mundo reconocería. Debemos amar como aquel que murió por nosotros en la cruz y nos perdonó todas nuestras faltas e ingratitudes. Este es el amor que se sacrifica y sufre por el amado. Amar como Jesús es posiblemente el desafío más grande que jamás intentaremos.
Queridos hermanos y hermanas, pero ¿cómo nosotros seríamos capaces de amar de esta manera, como Jesús nos ama? Para esto nosotros necesitamos la ayuda del Espíritu Santo. Porque es solo a través de la gracia que nos ofrece el Espíritu Santo que nosotros tenemos el poder de amar a los demás como Jesús nos ama. Es por eso que nosotros necesitamos ayuda de la ayuda divina para vivir como corresponde a los discípulos del Señor.
Queridos hermanos y hermanas, Jesús nos ofrece esa ayuda a través del Espíritu Santo. Durante este tiempo de la Pascua hemos tenido la oportunidad de leer y reflexionar el libro de los Hechos de los Apóstoles y hemos podido ver cómo el Espíritu Santo dio vida renovada y poderosa a la Iglesia primitiva, pero sobre todo el Espíritu Santo también trajo amor y unidad a la asamblea de creyentes. Si hoy nosotros queremos amar como Jesús amó, debemos entregarle nuestra vida sin reservas y así él nos dará una vida nueva llena del Espíritu Santo que nos transformara en los cristianos que hemos sido llamados a ser.
Queridos hermanos y hermanas, solo el Espíritu Santo puede ayudarnos a alejarnos del egoísmo y aprender a sacrificarnos por los demás a dar testimonio de que somos cristianos, de que somos discípulos del Señor. Solo el Espíritu Santo puede ajustar nuestros valores para que las personas sean más importantes que las posesiones o las riquezas temporales que este mundo puede ofrecernos. Durante este tiempo de la Pascua Jesús nos ofrece esa gracia que nos salva y que nos ayuda a cambiar. Debemos tener presente siempre que el Espíritu Santo es su don para nosotros para que podamos vivir según su mandamiento del amor.
Queridos hermanos y hermanas, hoy la situación que vive la humanidad con esta guerra entre Rusia y Ucrania dos países cristianos, nos desafía, porque se ha dejado de lado el mandato del Señor, de que solo a través del amor mutuo el mundo podrá reconocer que somos discípulos del Señor, amar como Jesús nos pide, humanamente no fácil, pero con la gracia del Espíritu Santo es posible, solo debemos pedirlo y lo recibiremos. El amor, Jesús nos dice que es la señal de que somos sus discípulos. Pidamos la gracia de poder proclamar en este santo tiempo de Pascua que Jesús ha resucitado de entre los muertos. Y que gracias a su resurrección nuestras vidas están marcadas por el amor y que cada uno de nosotros como bautizados, como discípulos del Señor somos signos de que es verdad. Amén.

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